jueves, 26 de mayo de 2011

¿En amor?

Tu hombro me vas a prestar? No me alcanzan los huesos, esqueletos enteros preciso, para apagar toda esta charada. Pero no, claro. Se apagan las luces, y me siento en la cornisa a escuchar aquel abismo que me ensordece, Que me llena de ira, que me despierta; Que desata la lucha dentro de mis muñecas. Y luego simplemente me dispongo a escuchar su risa, que es un canto para mi. Socarrona, irónica. Sarcástica, la muy hija de puta.
Siempre dionisíaca me destaco, y ellos me festejan. Todos. 
El aburrimiento llega como una flecha, y su punta en cámara lenta indaga mi carne.
Asesinos.
¡¡ASESINOS!!
Traidores, que me dejan en la cima del deseo. En la cresta de la ola. Yo les pregunto, qué es lo que esperan? A tientas buscan el refugio, la libertad, el asilo. Y nadie les dijo nunca que florecen los árboles lilas en otoño justo debajo de sus ventanas. Que es mucho más fructífero no buscar aquello tan lejos, cuando lo tienen delante de la nariz. 
Pero me convierto en más todavía: Una conchudita deliciosa,
pero que tenés que ir a buscar...Me.

Mis estratagemas nunca funcionan. No funcionaràn, son eso: nimias. Me desangran y se rìen de mi. Estoy dionisìaca. Me vuelvo tan vulnerable a veces que mi aburrimiento de mi, se hace gigante, y me sobrepasa. Me rebalsa.
No tengo palabras para decir mis pensares. Porque me atrapan, me encapsulan las putas ganas. Y no me puedo admitir ni a mi misma, toda esta sensaciòn. Por què el miedo? Por què esconderme de la verdad?
Si no me animo, me persigue hasta en los sueños. No me deja en paz, me rompe las piernas y me sangra las manos. Me cose los labios. No me deja respirar.
No quiero adaptarme. No me adapto a nada ni nadie. No puedo, mis ideas no me dejan, no me permiten darme. No me doy! NO ME DOY.

Si juego a ser vos, me tengo que hacer rulitos, me tengo que disfrazar. Y si me miré al espejo y vi amor, de qué me disfrazo!??! De ahí viene el aburrimiento, de la sed que no me saciaron. Y de un pozo que creímos que nunca se secaría. Seca tengo la garganta de gritar, y todo para tapar los ensordecedores latidos de mi pecho, que se sorprende y se obnubila del incipiente e inevitable sentir. Así llega la mortal daga, Roja, muy: La no-correspondencia cuando me percato de que eso que A MI no me pasa, me acaba de pasar.
 Ya me creí hábil, ya me la di contra la Pared también.
Y ahora? Y después? Y antes de ayer?
Me encontré una aguja que no buscaba en un pajar desconocido. Me asaltó el sentimiento sin previo aviso y me tumbó indeciblemente. Me quebró las sienes, me aplastó como un domingo de frío.
Se me erizó la piel el día que vacié la mente y la encontré a ella  escondida entre los pesados cortinajes de mis pensamientos, agazapada.
Y ahí, su risa me ultrajó. Y quedé vulnerable.
No queremos ser lastimadas, no queremos sufrir, Las Minervas. Nosotras,
la gente común, queremos nuestro pequeño mundo en desorden (el que amamos desde siempre) y en amor, no en dolor. 

Mi náusea.

Me pongo los dedos en la garganta, en el teclado y en el alma, y no puedo vomitar. Y un frío que me patea hasta la sien me rompió la libido en mil pedazos.
Donde estás? Ya se que en algún momento mis piernas se van a quebrar. Nadie puede resistir tanto tedio.
Mientras tanto revuelvo mis amígdalas, esperando que surjan las palabras líquidas. Tragándome el orgullo, mordiéndome el brazo izquierdo con las manos atadas sobre mi cabeza: la impotencia. Esta falta de letras me tienta, cruel, al llanto que ni siquiera puedo devolver. Ni aún con estos dedos juguetones en mi campanilla.
Mi afán símil bulímico me inunda otra vez la mirada. Incluso me abruma los ojos, que grandes, como siempre y como pocas, le clavo maliciosamente. Le echo el mal de ojos. Le echo una maldición, en mi postura zen, para no matarla. Le doy pavor, esperando la explosión, desesperando.
Y no, no. No llega la pasión arrebatadora hija de puta que me arroja sobre las teclas, no viene la urgencia que me estruja las tripas hasta volverlas sangre vomitada sobre mis hojas más amadas y odiadas.
Golpeo la frente contra el vidrio, una y otra, y otra y otra vez. Y me preparo, para la leche carmesí tibia, que sale desde mi pelo y me tiñe la vista y las agallas. Porque de mi boca, nada puedo sacar.
No puedo.
No puedo vomitar.
Y si paro a pensarte me muero. Por dios, qué crueldad, tenerte así... Tan trillada, porque tanto te pensé.
Derretime así, porque así, en secreto me gusta. Difícil me gusta.
Qué me importa el mundo?, si te tengo acá, arriba mío, tan mía como no lo sos.
Sentada en el techo, espero una sola palabra tuya, y el suelo envidioso me mira...
No puedo vomitar.
Y enroscada en una nube de humo me acuerdo de tus mejillas, quiero volar hasta vos. Y danzar en tu vientre, sudada. Empapada.
Las paredes me gritan.
Inamable!
Inamable...
Yo mientras tanto, y muy de vez en cuando, te pienso, me entretengo con poco y nada.
En esa blandura  impenetrable de la oscuridad clavo mis dedos otra vez, ilusa, esperando quebrar el aire. Pensando que puedo romper tu densidad, el procaz deseo que compartimos.
No puedo vomitarte. No.
No me puedo purgar.