jueves, 26 de mayo de 2011

Mi náusea.

Me pongo los dedos en la garganta, en el teclado y en el alma, y no puedo vomitar. Y un frío que me patea hasta la sien me rompió la libido en mil pedazos.
Donde estás? Ya se que en algún momento mis piernas se van a quebrar. Nadie puede resistir tanto tedio.
Mientras tanto revuelvo mis amígdalas, esperando que surjan las palabras líquidas. Tragándome el orgullo, mordiéndome el brazo izquierdo con las manos atadas sobre mi cabeza: la impotencia. Esta falta de letras me tienta, cruel, al llanto que ni siquiera puedo devolver. Ni aún con estos dedos juguetones en mi campanilla.
Mi afán símil bulímico me inunda otra vez la mirada. Incluso me abruma los ojos, que grandes, como siempre y como pocas, le clavo maliciosamente. Le echo el mal de ojos. Le echo una maldición, en mi postura zen, para no matarla. Le doy pavor, esperando la explosión, desesperando.
Y no, no. No llega la pasión arrebatadora hija de puta que me arroja sobre las teclas, no viene la urgencia que me estruja las tripas hasta volverlas sangre vomitada sobre mis hojas más amadas y odiadas.
Golpeo la frente contra el vidrio, una y otra, y otra y otra vez. Y me preparo, para la leche carmesí tibia, que sale desde mi pelo y me tiñe la vista y las agallas. Porque de mi boca, nada puedo sacar.
No puedo.
No puedo vomitar.
Y si paro a pensarte me muero. Por dios, qué crueldad, tenerte así... Tan trillada, porque tanto te pensé.
Derretime así, porque así, en secreto me gusta. Difícil me gusta.
Qué me importa el mundo?, si te tengo acá, arriba mío, tan mía como no lo sos.
Sentada en el techo, espero una sola palabra tuya, y el suelo envidioso me mira...
No puedo vomitar.
Y enroscada en una nube de humo me acuerdo de tus mejillas, quiero volar hasta vos. Y danzar en tu vientre, sudada. Empapada.
Las paredes me gritan.
Inamable!
Inamable...
Yo mientras tanto, y muy de vez en cuando, te pienso, me entretengo con poco y nada.
En esa blandura  impenetrable de la oscuridad clavo mis dedos otra vez, ilusa, esperando quebrar el aire. Pensando que puedo romper tu densidad, el procaz deseo que compartimos.
No puedo vomitarte. No.
No me puedo purgar.


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